El nuevo libro del sociólogo Brubaker analiza la «identidad de género» como categoría social, no como hecho
En el debate público, el término «identidad de género» suele tratarse como un hecho establecido y mensurable: alguien la tiene, la siente y el resto del mundo debe reconocerla. El sociólogo estadounidense Rogers Brubaker adopta un enfoque distinto en su nuevo libro Gender Identity: The Career of a Category (Polity, 2026). No se pregunta qué es en realidad la identidad de género, sino qué hace la categoría: cómo funciona en las leyes, las clínicas, las escuelas y los movimientos sociales. Según el reseñista de Genspect, esto convierte el libro en la síntesis más útil hasta la fecha de lo que está ocurriendo en el «mundo del género».
Una categoría social, no un hecho interior
La apuesta central de Brubaker es metodológica: no trata la identidad de género como una cosa en sí misma, sino como una categoría social, al igual que el sexo, la orientación sexual, la raza, la etnia, la nación o la religión. Estas categorías funcionan de varias maneras al mismo tiempo. Son performativas: los individuos y las instituciones actúan basándose en ellas. Son productivas: la categoría no solo genera denominaciones, sino también tipos de personas que empiezan a comportarse conforme a ellas. Y son interactivas: la manera en que se utiliza la categoría modifica su significado o incluso da lugar a nuevas categorías. Desde esta perspectiva, Brubaker no necesita adoptar una postura sobre lo que la identidad de género «es» en términos metafísicos; se limita a describir lo que ocurre bajo esa etiqueta.
El problema de la palabra «género»
Según Brubaker, gran parte de la confusión reside en la ambigüedad de la propia palabra «género». Puede referirse al sexo en el sentido habitual (hombre/mujer), a la estructura social y la cultura en torno al sexo, o a la identidad de género entendida como un sentimiento interior relacionado con el género. Filósofas como Kathleen Stock (Material Girls) y Alex Byrne (Trouble with Gender) intentaron definir con precisión a qué se refiere ese sentimiento interior, pero se toparon con un segundo problema: ¿es ese sentimiento un «sexo verdadero» innato que puede diferir del sexo de nacimiento, o más bien una imagen subjetiva de uno mismo con una forma de expresión cultural? El propio Brubaker cita las definiciones «fuerte» y «débil» que circulan en el campo: la definición fuerte —surgida en torno a la medicalización de la transexualidad a mediados del siglo pasado— considera la identidad de género una identificación fundamental e inmutable con uno de los dos sexos; la débil, más reciente, la convierte en la experiencia individual del género, que puede estar vinculada o no a la clasificación sexual binaria.
Por qué la vía sociológica aporta una solución
La ventaja del enfoque de Brubaker es que no necesita resolver esa disputa definitoria para decir algo significativo. Al observar qué ocurre concretamente bajo la denominación de «identidad de género» —qué leyes se aprueban, qué protocolos clínicos surgen y qué movimientos sociales se forman— puede cartografiar la dinámica sin tener que adoptar primero una postura metafísica sobre la naturaleza del fenómeno en sí. Es un paso útil en un debate que a menudo se atasca porque partidarios y detractores hablan sin escucharse sobre lo que exactamente debería significar la palabra.
Implicaciones para el debate más amplio
Para quienes siguen el debate sobre la atención sanitaria y las políticas relacionadas con el género, este libro es relevante porque ofrece una tercera vía frente a los dos bandos polarizados: uno que trata la identidad de género como un hecho interior incuestionable y otro que rechaza el concepto por completo. Brubaker muestra que es posible analizar seriamente el funcionamiento social de una categoría —incluidas las instituciones, las leyes y las prácticas clínicas que se han construido a su alrededor— sin tener que responder a la pregunta sobre la «verdadera naturaleza» de la identidad de género. Esto convierte el libro en una lectura imprescindible para cualquiera que quiera participar en el debate con mayor precisión, independientemente de su propia posición.